Luis

Luis

Transcripción de escritos y testimonios de Luis Benencio, delegado gremial de ASTARSA, coordinador de la Comisión de Control Obrero de Higiene y Seguridad en ASTARSA.

     Epílogos. (Extracto del libro “La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina”, 1997)

     ASTARSA 1. Tanques en el astillero (testimonio en el libro “Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso”, 1998)

     ASTARSA 2. Volver (idem anterior)

     Prólogo (Libro “Esos claroscuros del alma. Los obreros navales en la década del '70”, 1999).

     La forma de la historia (Capítulo del libro "La razón de las masas. Nosotros la clase", 2003)

     Disertación ante el Primer Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental” organizado por la Asociación de Psicólogos y la Red Iberoamericana de Factores Psicosociales y Laborales, 1º de abril de 2009, Buenos Aires.

 

Epílogo

Cuando me dijeron si me animaba a escribir unas líneas acerca de mi pensamiento sobre los años 70, pensé que sería cuanto menos, todo un atrevimiento de mi parte hacerlo. Cuento para ello con las herramientas que me dieron aquellas maestras del Tigre que me enseñaron a leer y escribir y a hilvanar algunas ideas de cómo narrar historias sueltas, anécdotas, vivencias y biografías.

Por lo tanto no pretendo -ni podría- dar a estas líneas el vuelo intelectual de un análisis profundo sobre este fenómeno que fue la década del 70.           

Pero como ya habrán advertido, prevaleció mi atrevimiento y aquí estoy intentando dar forma a algunas ideas.

Quisiera comentar en principio, que cuando me invitaron a participar de los proyectos de Cazadores de utopías y luego del libro  La Voluntad, me interesó porque hasta ahora no habían hablado los protagonistas de uno de los proyectos ideológicos enfrentados en aquellos años. En todo caso, si algo se había dicho, era a través de algunos libros cuyos autores intentaban asumir el pensamiento de aquella época. Además, habiendo transcurrido más de veinte años, ya podría ser el momento de empezar a hablar más adultamente de lo acontecido.

Para el análisis de esos años es necesario, como di ría un pensador liberal, ubicarse en tiempo y espacio. Veníamos del triunfo, en Cuba y en Vietnam, sobre el gigante imperial, que para muchos de nosotros fue paradigma de los objetivos y formas organizativas de las luchas populares. Con ello se pone en contexto un ideario de cambio que no era patrimonio de un grupito de locos y rompe con las críticas que he escuchado más de una vez en cuanto a que era un fenómeno aislado y de­lirante.

Si tuviera que definir sintéticamente los objetivos que teníamos en aquellos años, diría que la consigna que usábamos la ma­yoría de los grupos y organizaciones en aquel entonces "Liberación o Dependencia" es la que mejor representa la orientación del pensamiento que animaba nuestras acciones

Basta ver el estado en que nos encontramos hoy, para entender que el diagnóstico de situación de esa época y los objetivos sobre opciones excluyentes tenía el valor de una visión histórica que anticipaba el futuro.

No obstante, seguramente vamos a coincidir, para analizar es­te tipo de fenómenos es necesario poner en discusión todos los factores que intervinieron en estos años, pero esto lo dejo para aquellos que saben más que yo.

Prefiero contar alguna anécdota como por ejemplo que algu­na vez compañeros muy jóvenes me han preguntado ¿cómo era esa gente que hoy es desaparecida?

Lo primero que me sale contestar es que es muy difícil, por lo menos para mí, poder contestar sobre esos compañeros y que sea creíble lo que le estoy contando a gente que vive en un país co­mo el de hoy donde priman el individualismo, la resignación y la aceptación en forma totalmente pasiva de las imposiciones que afectan los intereses de aquellos sectores más necesitados y que, día a día, no sólo están postergados en su ascenso social, sino que van irremediablemente a ser excluidos del sistema.

Cómo les digo que eran compañeros mayoritariamente muy solidarios, que estaban dispuestos a aceptar únicamente lo que comprendían como beneficioso para ellos y para el conjunto, y que también estaban dispuestos a discutir o enfrentar con la me­todología que entendieran como correcta lo que evaluaran co­mo perjudicial a los intereses de la sociedad en que vivían.

Dejo para el final deliberadamente lo negativo de aquellos años, los terroríficos errores de diagnóstico y el monstruoso com­portamiento moral y ético que tuvo principalmente gran parte de la conducción de la organización Montoneros.

En cuanto a lo personal, en relación a esos años, quiero pedir perdón a los 30.000 desaparecidos por no tener el coraje que ellos tuvieron y decirles que me queda el dolor de haber sido y ya no ser.

Fuente: Epílogos. Luis Benencio, La Voluntad, Tomo 5, pág. 700.

 

ASTARSA 1. Tanques en el astillero

" ... Aunque después hubo algunos datos más nosotros en esa época ya sabíamos que la Triple A era un grupo armado que había firmado el lopezreguismo y que de alguna manera, mientras le sirviera a les sirviera a los dirigentes sindicales ... No sé si le daban el aporte del aparato, pero sí de datos, nombres de personas. Y tenía un objetivo claro, que era destruir lo que se había construido. Y bueno, lo fueron destruyendo todo, dando golpes paralizantes. Si un compañero muere por un accidente de trabajo, uno se enoja y sufre. Pero si un compañero es matado, digamos, o en los tres casos nuestros, son quemados vivos, eso ... lejos de generar bronca ... eso paraliza.

... Yo creo que en el tema de la Triple A había una alianza, una combinación de información entre la burocracia sindical, sectores del Gobierno y Estado y ... la patronal, sin ninguna duda. La que aportaba datos de los delegados gremiales era la patronal ...

. .. La situación antes del golpe era casi insostenible. El día anterior al golpe estábamos discutiendo en el sindicato una serie de problemas que había adentro de fábrica y escuchamos, yo me acuerdo que ya era que, que el rumor no era rumor, era vox populi que el golpe se daba al otro día.

Y bueno, esa noche nos reunimos muy fugazmente y, dijimos, bueno mañana a nadie se le ocurra ir a fábrica porque el que va no vuelve. En ese momento, nunca me voy a olvidar, éramos un grupo de doce compañeros que nos reunimos. Cuatro no hicieron caso y fueron a fábrica.

Bueno, y en fábrica es obvio que había tanques, tanques de verdad, camiones del Ejército. Un operativo descomunal ... Y los cuatro compañeros, de los cuales dos eran delegados, los compañeros se llamaban Vivanco, uno se ahorcó en la cárcel, y el otro salió porque era uruguayo, no se bien que convenio había con Uruguay ... La cuestión que lo torturaron pero lo dejaron vivo. Del resto de los compañeros ninguno apareció más. Es obvio.

Del testimonio original de Luis Francisco Benencio, antiguo activista de los astilleros Astarsa de San Fernando, para la realización de "Cazadores de utopías”. Según la denuncia presentada ante la CONADEP por la esposa de Rodolfo José Iriarte (Legajo Nº 6674), delegado gremial de Astarsa secuestrado y desaparecido, el día 24 de marzo a las 6 de la mañana fueron detenidos 60 trabajadores del astillero. A cargo del operativo estuvo un mayor de apellido Ricardi, de la Escuela de Ingeniería de Campo de Mayo quien contaba con una lista del personal de Astarsa aportada por la empresa.

Fuente: Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso”, 1998

 

ASTARSA 2. Volver

" ... -¿Qué pasó cuando volviste? ¿En algún momento volviste a pasar por Astarsa? ¿Qué recuerdo tenía la gente de Astarsa al final de la dictadura sobre aquella época?

-Sí, en el año 86, o sea que no fue tan rápido, necesitaba mucho coraje para volver a la puerta de Astarsa ... Un amigo venido de España me dice  Jaime -porque yo era conocido por Jaimito- ¿te animás a ir a Astarsa a ver si podemos rearmar algo?”

Y ahí nos fuimos, a la puerta de Astarsa. Estuvimos tres o cuatro días yendo a la puerta. Pero ya no quedaba nada, muy pocos compañeros de los que habían compartido con nosotros. Por supuesto no estaban dispuestos a nada, tenían todos la versión de la dictadura. La versión, no se, de que nosotros éramos los cucos, los guerrilleros ... no se, los malos.

... Fue una impresión muy dura. La señora de un compañero que era uruguayo, que se llamaba Vivanco, no el que se ahorcó en la cárcel, el salió pero en muy malas condiciones físicas ... Con esa señora habíamos compartido pero muchísimos días, de alegrías, de vino, de reuniones. No con ella pero donde ella, digamos, hacía de anfitriona. Y nos dio vuelta la cara. A Sosa y a mí.

Y yo no me animé a decirle nada, no me animé a hablarle. Eso me lo reprocho siempre. Creo que hubiese tenido que tener el coraje de por lo menos darle una explicación. Pero no tuve coraje de dársela. Eso fue ahí, en la esquina de Astarsa. Y los compañeros, los pocos que quedaban, bueno, nos decían ´Cómo están. Pensábamos que estaban muertos. Que alegría verte vivo.

- ¿Por qué pensaban que tenían que dar una explicación?

- Por un problema de ... de culpa. Porque a mí no me pasó nada en el sentido de que ni fui torturado ni fui desaparecido, y ella tenía un marido torturado, un cuñado desaparecido, otro ahorcado y ella pensaba que yo había sido ideólogo de todo eso. Ella pensaba que yo tenía un grado de responsabilidad muy grande ahí. ¿Cómo le explicaba que yo no era necesariamente así. ... ? La que le tenía que dar una explicación era la organización Montoneros. Nunca se la había dado, ni siquiera intentó dársela. Porque gran parte de la desprotección de esa familia la tenía la organización Montoneros ... Se calculan 14 muertos en Astarsa. Nosotros, desde las bases ya habíamos planteado que eso se iba a dar, que los que trabajábamos en el campo sindical estábamos muy expuestos. Y que éramos los más fácil se ser … este ... eliminados."

Del testimonio de Luis Francisco Benencio, antiguo trabajador del astillero Astarsa, para la realización de la película "Cazadores de utopías”.

Fuente: Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso”, 1998

 

Prólogo

He leído con mucha atención este relato histórico hecho novela donde se describen, con mirada distinta, anécdotas y hechos, personas y situaciones que transcurrieron por esos turbulentos, apasionados y dramáticos años.

Siempre pensé que llegaría el día que, en la descripción histórica –y también política e ideológica- e los años ´70, se analizaría el comportamiento perverso de las cúpulas dirigentes y que alguien, viejo amigo, rescataría de esas historias la cotidianeidad: las personas, sus vivencias, sus grandeza y sus miserias.

Me alegro de todo corazón que te hayas animado  escribir estos relatos donde los hombres estamos tal cual somos, con sus pasiones, sus amores y su soledad.

Es que, en estos años, me he preguntado tantas veces donde estarían; que sería, por mencionar a  alguno de los tantos compañeros, de los Vivanco, esos hermanos Uruguayos, capaces de compartir todo cada vez que fuese necesario; dónde el Hugo Rivas, que jamás se dijo marxista o revolucionario, que dio todo (todo: incluido la vida). O el Tano Mastinú delegado las 24 horas del día.

Creo que vos y yo sabemos la cantidad de páginas que se podrían llenar con los actos, con esa generosidad de los compañeros hechos de una calidad humana a toda prueba.

Muchas veces, cuando hablo de estas cosas, me preguntan cómo eran aquellos compañeros, qué era lo que habían y habíamos conquistado y ayudado a cambiar. Por qué, durante ese tiempo, fuimos distintos. O sea, distintos en nuestras vidas; distintos a como veníamos armados desde atrás, de antes. Y siempre me pareció que la respuesta adecuada era esa humanidad que habíamos logrado desplegar entre nosotros, pero que queríamos extenderla: que el mundo la hiciera suya.

Creo que fue una invención nuestra. Al menos fue eso lo que descubrimos en nosotros: que estalló entre nosotros. Que fue una búsqueda permanente de algo parecido a la felicidad, para nosotros, no tenía sentido si no era compartida.

En definitiva, vos sabés. Te escribo estas líneas no desde el militante que logró sortear los obstáculos y las miserias de la dictadura, sino desde el lugar del compañero y amigo que continúa con una gran pena y un gran dolor por las pérdidas, por un proyecto cargado de ternura que no fue.

Pero ya ves, aquí estamos. A pesar de todo no nos han vencido totalmente y apelo a tu autor predilecto para recordarte: "Es la angustia de la libertad lo que te hará libre y no la angustia de muerte".

Un fraternal abrazo

Luis Benencio

Fuente: Esos claroscuros del alma. Los obreros navales en la década del '70, 1999

 

La forma de la historia

Luis Benencio,

nacido el 11 de febrero de 1944

Cómo los tratamos nosotros a ellos y cómo nos trataron, des­pués, ellos a nosotros. Esa es la gran diferencia ...

De hecho el primer regalo que tuve yo en serio, porque mis vie­jos eran muy cagados de hambre, era los que mandaba el Correo Cen­tral. Mi papá trabajaba en los barcos areneros que van a buscar arena al Paraná y la traen. No eran peronistas politizados. Eran de los que recibían la máquina de coser. Yo tengo una anécdota respecto de eso. Como mi mamá era enferma, estuve internado en colegio de huérfa­nos, cuatro años. Justo cacé el 55, cuando lo echan a Perón y ¿sabés cuál fue el recuerdo más impactante para mí? Cuando entré nos da­ban el traje, nos daban tres platos de comida, estábamos bien, nos lle­vaban al cine, nos llevaban a los circos y ¿sabés lo que me quedó?: que nos sacaron el postre. Me acuerdo que lo que más esperábamos todos los chicos, como chicos que éramos, era el postre. Cuando se fue Pe­rón, se fue el postre. El postre era nuestra expectativa en cada comida.

"El vestuario de los menores es renovado cada seis meses y se incluyen en los menúes aves y pescados, por lo que, desde el punto de vista material, la atención de los internos es suntuosa, excesiva y nada ajustada a las nor­mas republicanas que convienen para la formación austera de los niños".

Informe de la Comisión Investigadora de la "Revolución Libertadora", 1955.

Después en mi vida sucede una cosa inesperada.

Cuando se me terminaron las vacaciones y debía volver a la es­cuela, un vecino le dice a mi viejo y a mi vieja:

-¿Para qué lo van a llevar? Yo le doy laburo.

El hombre tenía una lonería. Así me libré del colegio y lo más hermoso de eso eran las "meriendas literarias". ¿Qué pasaba? Este hombre nos juntaba a los pibes del barrio, paraba el laburo y nos ha­cía escuchar a Caruso, a Beniamino Gigli, nos leía Schopenauer ... Era un derroche del que ojalá hubiese aprendido un diez por ciento. Era un tipo maravilloso.

Cruzado de historias

El primer hecho político de mi vida fue cuando echan del Hos­pital San Fernando a dos médicos, uno de los cuales había operado a mi vieja y era amigo de este hombre, lo echan por comunistas y no­sotros salimos a juntar firmas y a distribuir un periódico. Debía tener 12 ó 13 años entonces y yo estoy cruzado de peronismo, ni hablemos del PC, pero los argentinos tenemos que ser de una sola cosa, como que no podés tener mezclas, ser de varias procedencias. Pero así es, yo no podría decir que soy puro de algo.

El doble fondo

En el 70, más o menos, un amigo me hace entrar a ASTARSA. Eran astilleros con una gran población trabajadora, alrededor de mil, qui­nientos navales y quinientos metalúrgicos. Dueños eran los Braun Cantilo, dueños del Banco de Galicia. Los mismos de la famosa his­toria de la Patagonia, la historia de la masacre de los obreros rurales en 1923. Además había gente de la Marina. Estaban los Alemann, aunque no figuraban ...

Todos los 24 de Marzo nos reunimos en el Tigre, a las puertas del astillero que hoy son ruinas, para recordar. Y cada año se acerca uno más para recordar el aniversario del golpe de estado de 1976.

En general, cuando te ven, todos creen que estás muerto ...

Los primeros 30 días en ASTARSA consistían en lo que se llamaba la Escuelita. A los que no sabíamos nada, nos enseñaban el oficio de calderero. Se le dice así al que arma el barco. Oficial o, en el caso nuestro que recién entrábamos, Ayudante. Punteábamos. Después viene el soldador y suelda. Punteábamos, cortábamos con acetileno. Con el soplete, íbamos armando las piezas: el barco se arma como un

rompecabezas. Nuestro trabajo era ese gigantesco rompecabezas de hierro.

Los primeros 10 días no sabía si me quedaba o me iba a ir. Es un trabajo muy rudo, donde hay toda una serie de juegos entre laburan­tes. Entonces, entrar nuevito es como entrar en la Colimba: que te abrían el cofre, que te sacaban el casco, y que tenías que pedir otro cas­co, que te tiraban la leche o te decían: "Pibe, trae me el martillo de go­ma" ... Algo grosero que te dabas cuenta, pero a veces te pedían herra­mientas que no existían. Era verduguearte.

y no te digo los "doble fondo": pegaban un mazazo arriba y vos estabas abajo, encerrado, trabajando en un cubo de metal y te queda­ba e! oído ...

No es que te tengan bronca. Lo agresivo se mezcla con lo afec­tivo. Es una forma de comunicarse, de limarte e! amor propio y pro­barte como compañero.

Yo no quería perder el laburo. Y ni pensaba en activar.

Contestar mal a propósito

Durante la escuela vislumbraba para mí que algo podía pasar con un par de compañeros. De hecho, uno después resultó del PO (Poder Obrero). Aquello sería una mezcla terrible. Pero en ese mes había que hacerse el tarado. De diez preguntas -me acuerdo- en el examen de ingreso contesté mal una, a propósito.

El problema central que había era las condiciones de trabajo. Y un turno desfachatado de 12 horas por día. De 6 a 6 de la tarde. A las cuatro se iban los que tenían "insalubre". Para nosotros insalubre era todo, pero la Patronal, por supuesto, tenía criterios especiales y se la daba apenas a un 10% del personal. Los acomodados. Teníamos unos delegados muy especiales. El Sindicato (SOIN - Sindicato de Obreros de la Industria Naval) también era especial: arreglado con la empresa. El sueldo había bajado, pero ellos igual mostraban como un triunfo, por ejemplo, las 12 horas ...

Estábamos muy controlados. En el 71 nos reuníamos ya un gru­po de 5 ó 6 compañeros, con la idea de hacer una Agrupación. Había peronistas, un grupo "El Obrero", que después fueron de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). No había integrantes de un solo color. A fines de! 72 vamos a elecciones. Y naturalmente no podía ir ninguno de nosotros, porque nos iban a rajar y no iba a quedar nadie.

Entonces ponemos gente de los trabajadores viejos, la gente que nos parecía decente. Vamos a elecciones y perdemos por 70 votos. En ese momento nos identificábamos como Lista Marrón. Después del 73 años llamamos "Cro. Alesio".

La muerte como norma

Nosotros veíamos que ahí era normal aceptar que cada barco se llevaba una o dos vidas. ¿Qué hacía la Patronal cuando se moría un ti­po? Tocaba el pito, paraba, nos íbamos a casa y, al otro día, volvíamos a trabajar. Eso era todo.

Hasta Junio de 1973, cuando un compañero -que se llamaba Jo­sé María Alesio, precisamente -en un doble fondo, se nota que se acu­mula gas, tal vez que alguno dejó el soplete, él toca con la pinza y sé quema vivo. Cuando sale por el agujero del doble fondo, peor. Por­que la llama, al agarrar el aire, fue como una fogarata que corría.

Lo llevamos al Instituto del Quemado. Ibamos todos los días desde el Tigre, a vedo. Una buena mañana llega alguien:

-Che saben? Se murió José María.

Ahí se armó el quilombo. Tomamos la fábrica. Tomamos rehe­nes. A todos los directivos de la empresa que estaban adentro, salvo Braun Cantilo que no estaba en ese momento.

El 80% de los compañeros se quedaron con nosotros. Los del Sindicato se fueron: para ellos estaba establecido que era así, que siempre se iba a morir alguien. El Sindicato se llevaba los aportes, las cuotas y descuentos salariales y punto.

Lo primero

Cuando vos tomás una fábrica, lo primero que sabés es que no la querés hacer larga. Porque a la larga, perdés. Y aquí viene la otra parte de esta historia que duró 10 días. Los Montos.

Empezamos a necesitar contactos. Para que no nos repriman.

Los que. estaban cercanos a las FAR, ya estaban en Montos. Nos acer­can diputados, nos acercan fierros, porque algo teníamos que tener para defendemos, nos acercan posibilidad de llegar a jueces. Yo toda­vía no era de la JTP, la Juventud Trabajadora Peronista, organización de Masas de Montoneros). Precisamente nosotros empezamos la constitución de la JTP. Estaba Julio Troxler en la Policía de la Provincia de Buenos Aires ...

Cuento todo esto porque si yo cuento que hicimos el conflicto y ganamos y todo eso, es de comboy. Suceden otras cosas alrededor. Todo esto, que no es pavada, idas y venidas, discusiones con los com­pas, un fragoteo impresionante si lo pensás.

Un Juez se hace cargo de la historia y viene a pedir que libere­mos a los rehenes. Por supuesto, nosotros no aceptábamos, además pedíamos una serie de reivindicaciones:

La reincorporación de todos los despedidos por causas políticas . y el control obrero de la Seguridad e Higiene.

El control obrero

Además de otras reivindicaciones menores. En ese momento es­taba José Otero de ministro de Trabajo, que era dirigente metalúrgico.

Entonces viene Otero a la fábrica. Quiere levantar, el muy turro.

Casi lo cagan a trompadas. Sale Otero rajando. Ya veían que no po­dían. Que esto estaba firme y se enfrentaban a una convicción que no esperaban.

No había posibilidad de marcha atrás y la Patronal, que tiene siempre mejor información que nosotros, viene a negociar. Ante la ca­dena de cosas que veía, ante la gente del barrio y no solamente la gen­te del barrio sino los parientes de nuestra gente, que los venían a ro­dear totalmente en la puerta de la fábrica, se da cuenta la Patronal que reprimir le salía políticamente más caro que negociar. La dimensión que aquello había tomado, con los canales de televisión delante, era a cara o cruz. Empezamos a negociar en el Ministerio de Trabajo.

No nos querían dar el control obrero. Pero era una condición si­ne qua non. Y tuvieron que darlo. Se lo ganamos.

Recuperamos a todos los despedidos. Hasta reincorporamos a los compañeros que en el 55 los habían echado por delegados sindi­cales, los viejos les decíamos nosotros, uno había sido anarquista, des­pedido en el gran quilombo por las 6 horas del 57, cuando hicieron una toma como nosotros

 

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Ca­da lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde. Las lecciones se olvidan. La historia aparece como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las cosas.

RODOLFO WALSH.

pero esa vez los echaron a todos. Ellos nos contaban esa historia, no­sotros la reconstruimos a partir de ahí, de nuestra toma. Me acuerdo que casi todos estaban jubilados ya, pero dos volvieron. ¡y no lo po­dían creer!

Pero aquí está la otra historia que decía.

Jerarquías

Falta una parte en todo esto: yo era un tipo con miedo. Lo cuen­to porque, de lo contrario, armo una imagen y la imagen puede ser buena o mala, pero no aparezco yo en la realidad.

Qué era la violencia para nosotros. Y cómo procedían y proce­dieron después ellos, la Patronal.

Nosotros habíamos apalabrado al concesionario que le íbamos a garantizar el pago por morfi. Y a ellos, les dábamos la misma comida que comíamos nosotros. Algunos de ellos, empleados de jerarquía, des­pués nos reconocieron. Tuvimos una actitud muy humana. A veces ha­bía que parar a los muchachos, que agarraban las motos y las ponían a rugir para hincharles las pelotas. Pero no hubo ni verdugueo, ni juicios, ni nada de eso. Algunos después se acercaban. Te daban datos. Creo que algunos cambiaban de conciencia por haberse reconocido iguales a no­sotros y que sus prejuicios se les iban al carajo. Eso pasa.

Los desconocidos de siempre

En el 74 teníamos que tener nuevamente elecciones. Pero el Sin­dicato, la Burocracia,-interviene y pone gente del CDO (Comando de Organización), de los que intervinieron en Ezeiza. Tipos que todavía andan sueltos, gente muy especial: Rampoldi, que en un tiempo estu­vo de subsecretario de Trabajo en la gobernación con Duhalde. Tenían un tipo de los Servicios dentro de la fábrica.

Es bastante complicado de contar todo después de Ezeiza. En nuestra agrupación había de todo, era como un pacto colectivo. La ma­yoría no éramos peronistas, pero había peronistas simbióticos. Montoneros nos había puesto un responsable, pero nosotros nos respondía­mos a nosotros mismos. Tuvimos muchos conflictos con los Montos. No con JTP, porque JTP lo hicimos crecer nosotros. Porque como éra­mos un conflicto referente, nosotros después estuvimos en FORD, Ma­tarazzo, Terrabusi ... y siempre estuvimos en las tomas. Acompañando y además: o sea que hicimos masa y ramificamos. Cada conflicto se re a­limentaba con el otro, que es lo que más le jode al sistema porque vuelve imparables las reivindicaciones y, cuando te querías dar cuenta, aparecía un montón de gente con la misma sintonía. Eso también te­nía un efecto entre tus compañeros de laburo, que a veces ni siquiera veían bien que nosotros nos fuéramos. En las fábricas es muy impor­tante ir a horario, estar con los compañeros, estar en el baúl un rato. Si a vos te absorbe Matarazzo, por más que estés peleando para que gane Matarazzo, no les importa un carajo. Tienen que verte ahí. Tienen un problema y te quieren ahí. No te perdonan que no estés.

Otra cosa interesante de esa etapa fue cuando me encargo del control obrero. Teníamos que ir al Instituto de Medicina del Trabajo, que funcionaba en la Facultad de Medicina. Salíamos de la Fábrica, y nos íbamos a la Facultad. Y nosotros, claro declarábamos a todo "in­salubre", pero no teníamos la más puta idea de los aspectos técnicos que había que resolver. Después hicimos convenios con la UTN (Uni­versidad Tecnológica Nacional) para que viniera a medir la contami­nación. De manera que había ritmo. La fábrica era la universidad y la universidad, fábrica ... ¡Qué lindo país somos capaces de hacer los la­burantes!

A Ezeiza se iba para una fiesta

Todo eso era JTP y el crecimiento de la JTP fue bárbaro. Lo que pasa es que ellos, los Montos, querían poner responsables directos de la Organización y nosotros no. Y después, la gran cagada de los Mon­tos: meter en acciones armadas a tipos que tenían jetoneo, como yo, a veinte cuadras de tu casa. Nosotros se lo cuestionamos. Aunque te­nían contemplación, porque nos cambiaron como cien responsables. La columna Norte era distinta. Había mucho FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) ahí. Era otra cosa. Todos éramos tan amigotes, que desfilaban los responsables, no nos dejábamos llevar a otros terrenos porque teníamos que defender a nuestros compañeros. Una cosa eran los dirigentes de) Montos que, total tenían cuanta casa querían para guardarse y otra, el compañero que tenía nomás su barrio. Y el com­pañero de buen tipo, iba ...

A Ezeiza se caminó como para una fiesta y volvimos con una masacre. Y 10 mismo tengo que decir de cuando fuimos el 10 de Ma­yo de la Plaza, o mejor dicho: de cuando volvimos. De las puteadas, la bronca, algunos lloraban, viejos y no tan viejos. No lo podían creer de Perón. Que se permitiera eso. Cómo no podían creer que Perón nos echara. Yo sí. Para mí era obvio que estábamos haciendo méritos para que nos echara. La incertidumbre que fue el tiroteo (Ezeiza), los mi­cros que perdieron a la vuelta, fue un quilombo y, sobre todo, la decepción. Fue la primera decepción con el Viejo. Un cachetazo.

Nosotros teníamos organizados 500 trabajadores y llevábamos 400. De verdad y sin exagerar, porque no era un mérito nuestro, era el momento. Cuatrocientos te digo de Navales, porque Metalúrgicos de Zona Norte, donde estaba el célebre Minguito y ésos, capaz que ni 50 llevaban. Metimos gente a lo loco. Hasta nos tuvimos que cagar a trompadas y palazos para llegar y que nos hicieran un lugar en la Pla­za de Mayo para ello. ¡y te imaginás que nos echen después!

Después la gente te pasa la factura: adónde mierda me llevaste? y uno debía dar explicaciones. Pero eran desilusiones de peronistas. No de obreros.

Lo que yo pueda decir de entonces no es nada original.

Extraño la Solidaridad. No éramos un grupo de activistas. Éra­mos amigos. Íbamos a los casamientos, le pagábamos el casamiento al que no podía, nada que ver y muy difícil de contar en este contexto actual. Por eso cuando los comunicadores hablan de la violencia, di­cen que toda violencia es igual, yo me digo que lo nuestro era un ac­to de violencia pero cómo era la violencia de ellos?

El dedo de los patrones

A nosotros antes del Golpe ya nos habían matado a siete compa­ñeros. Las Tres A y todo eso. Cinco navales y 2 metalúrgicos. Además nos habían levantado tres compañeros que todavía no sabemos cómo los salvamos. Los levantaron, los torturaron y los liberamos. De éstos a uno, después sí lo matan: Martín Mastinú, delegado igual que yo de la sección Calderería, este compañero que decía al principio.

La violencia de ellos fue traer patrulleros, carros de asalto, ca­miones con tropas.

 

Así como al desmoronarse la estructura imperial de Roma, el ejército de cada provincia asumió el gobierno político vacante, a la caída del monarca español, el ejército patricio que comandaba Saavedra se hizo cargo del gobierno vacante en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810. ( ... ) La Revolución de Mayo fue un pronunciamiento militar ( ... ) Del mismo modo, la declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán, el9 de Julio de 1816, fue también una decisión militar. No hubieron mayorías tumultuosas ni sufragistas, sino jefes que decidieron lo que debía hacerse.

JORDÁN BRUNO GENTA (subrayados del propio autor), 1960

Todo en puerta de fábrica el 24 de Marzo. Y levantaron todo lo que podían. Después hicieron todo lo que ya sabemos. Fuimos tortu­rados, matados.

Pero antes de todo eso, fuimos denunciados, nombre por nom­bre, durante dos días que los milicos se instalaron en nuestra empre­sa después del asalto del 24, por algunos de aquellos que tuvimos de rehenes.

Fuente: La razón de las masas. Nosotros la clase, 2003

 

Disertación ante el Primer Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental”

En realidad vengo a charlar. ……… cuando nosotros tomamos la fábrica, y tomamos el control obrero el 21 de diciembre, recurrimos al Instituto de Medicina del Trabajo y …….. no creo que dé bien el examen, pero voy a tratar de decir algo.

En mi vida, digamos, hay tres etapas con respecto a este tema.

La primera etapa tiene que ver con mi experiencia como obrero en los astilleros Astarsa, en la que, como decía Deolidia, y es cierto, lamentablemente también tengo  que hablar de las desapariciones, de las muertes, y de lo que impactaban en nosotros. ¿Qué es lo que quiero decir? Mi ingreso a Astarsa fue en los años 70, yo entré en el 72 y estuvimos hasta el 76, en que ……… nos sacó. Esta primera etapa como obrero naval, fue una experiencia muy dura, muy cruda. Yo no había hecho la colimba, no había hecho nada y de repente entro a descubrir que la industria naval es una industria muy fuerte, donde los trabajos son muy duros, donde los juegos entre los laburantes son juegos duros; para que ustedes tengan idea, por ahí venía un día y el cofre te lo violentaban,  por ahí salía del cuarto y el guinche te volaba sobre la cabeza. Digamos que por la característica del trabajo, había mucha agresión, mucha violencia muy fuerte. Ustedes le podrán dar un nombre técnico, yo la cuento como la sentía. Y esa experiencia era acompañada por algo que era peor: los que estábamos ahí nos empezábamos a enterar que cada barco que se construía –la construcción de un barco tarda un año y medio o dos- se llevaba uno o dos vidas. O sea, por cada barco que se construía, inexorablemente uno o dos compañeros tenían que morir, porque no había posibilidad de otra cosa. Esa era la lógica de la patronal. La lógica de la patronal: lamentablemente, nosotros hacemos todo lo posible para que no haya accidentes, pero hay cosas que son inevitables.

¿Qué hicimos un grupo de jóvenes que empezamos a trabajar ahí? Primero, empezar a rebelarnos contra esa lógica. Y la única forma de rebelarnos era ir construyendo en conjunto una agrupación, algo que nos nucleara y nos posibilitara en algún momento rebelarnos contra esta lógica. Esta rebelión se dio en una etapa muy especial del país que fue en junio del 73. Ubico tiempo y espacio porque me parece importante: gobierno de Cámpora, para mí, en lo personal, cuarenta y nueve días o más de mayor libertad de mi vida, de los sesenta y cuatro que tengo –y no soy peronista, lo aclaro-. Son los días que yo viví con mayor libertad. Sobre fines de mayo, en un doble fondo de un barco, se nos incendia un compañero vivo, cuando sale el fuego se aviva, y termina carbonizado, es llevado al hospital y a las horas falleció. Y los jóvenes, que  ya veníamos organizando cómo rebelarnos contra esto, decidimos tomar la fábrica en ese momento, con rehenes, los gerentes y el vicepresidente de la empresa. Mantuvimos el conflicto siete días, con intervención de juez, que mandaba todos los días para revisar cómo estaban los rehenes, con médico. Digo esto para diferenciar cómo los tratábamos nosotros a los rehenes de cómo nos trataban desde el 76 a nosotros. Bueno, ganamos el conflicto. Y dentro de las reivindicaciones que pedíamos –la reincorporación de los despedidos, liberación de presos políticos, aumento de sueldos…-, el eje central era el control obrero de las condiciones de trabajo. Pensado desde hoy, era audaz, porque era hacernos cargo de algo que no conocíamos. Era audaz. Y esto es interesante porque que fuera audaz era a su vez… Digamos, era una año de mucha fuerza; nosotros trabajábamos con JTP, estaban los Montoneros, y nos sentíamos fuertes. Y este conflicto nos dio más fuerza todavía. Nos encontramos con el control obrero de las condiciones de trabajo, porque era algo evidente, digo, saber cómo era la prevención, cómo era esto de …., cómo era esto de la ….. Por suerte articulamos nuestro desconocimiento de lo teórico, de lo técnico -pero con nuestro conocimiento como laburantes en el lugar de laburo- con los conocimientos científicos de los compañeros del Instituto de Medicina del Trabajo, que nos posibilitaba ir trabajando el día a día. También hicimos convenio con la Universidad Tecnológica para las mediciones de los gases, de los ruidos (el tema de los ruidos era un drama impresionante). Bueno, en este día a día de trabajar esta articulación de laburantes y técnicos, científicos, médicos, llevamos adelante este control obrero que duró unos tres años, del 73 al 76. En esos tres años se construyeron dos barcos y medio, y no hubo ni un solo accidente de trabajo, lo cual demostró que nuestra lógica era la que tenía razón y no la de la patronal, cuando la patronal nos había convencido de que tenía que haber accidentes mortales.

Este tema de los accidentes hoy en la Argentina en la mayoría de las empresas sigue existiendo, es un problema serio; yo siempre pongo cifras que son elocuentes: cerca de mil trabajadores en blanco se mueren por año por accidentes de trabajo. Si tomamos un período de diez  años, diez mil trabajadores; si contamos los que trabajan en negro, veinte mil trabajadores se mueren por año por accidentes de trabajo. Es un pequeño genocidio que sucede y que nadie lo toma. Esto que digo yo, serán diez mil, veinte mil, nadie lo toma en cuenta, no son temas que se tomen.

Bueno, esta fue mi primera parte, mi introducción al tema salud y trabajo. Luego viene la segunda parte. Cuando se termina la dictadura, nos juntamos con otros compañeros con los que habíamos trabajado este tema en los 70, ya en el 84, y formamos lo que llamamos el Centro de Estudios del Trabajo. ……… Estuvimos ocho años trabajando el tema de prevención, capacitación, investigación en el tema salud mental y trabajo. Y ahí nos tocó otra problemática -la de los 70 seguían estando-, se agregaba un fenómeno que no estaba en los 70, que era la flexibilización laboral. Nosotros en ese momento trabajábamos en varios sindicatos - …….. , Quilmes, ceramistas, publicidad, en fin, en varios sindicatos- y trabajamos estos temas. Sobre todo en la industria metalúrgica veíamos la crudeza de la flexibilidad laboral. ¿Qué significaba la flexibilidad laboral? En ese contexto histórico, significaba todos los días hubiera una devaluación del diez por ciento y los trabajadores tenían que salir a negociar mayor producción para poder aumentar su salario. O sea, iban los delegados, los sindicatos; al hacer presencia, bueno: “Nosotros queremos aumento de sueldo.” –“Sí, se los vamos a dar, pero ustedes tienen que ayudarnos a nosotros también, produzcan una o dos piezas más.” Y así, en esos años, uno veía cómo el trabajador terminaba destruido totalmente, porque aumentar la producción tiene un techo y la inflación seguía, diariamente o mensualmente.

Esa fue una etapa muy, muy difícil porque –también es cierto- a los sindicatos este tema les cuesta mucho, cuesta mucho que lo entiendan.

En todo caso –como decía Deolidia-, hasta capacitación prestamos siempre. Ahora, con la capacitación sólo no basta, es una parte. Cuando hay que llegar a trabajar en la producción, cuando hay que ahorrar tiempo, el tema de tomar medidas contra los riesgos es secundario, ahí ya se justifica todo, los sindicatos…  muy pocos lo toman. Yo sé que los docentes –tengo amigas setentistas- lo toman, pero en general no lo toman.

Bueno, en esos años trabajamos bastante y luchábamos bastante con los sindicatos para que nos dieran la oportunidad de poder profundizar en estos temas, con resultados bastante magros yo diría muy magros.

Después, yo tengo una tercera etapa que es hoy, en Judiciales.

Hoy estoy trabajando en la Federación Judicial Argentina, pertenezco al Centro de Estudios de la Federación. En esta última etapa, como la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, estaban los llamados muy grandes y el tema capacitación. Nosotros hacíamos capacitación en todo el país para los judiciales y ya estamos por hacer el segundo curso. Pero debo ser honesto, un poco lo que les decía recién: tiene como una primera etapa de entusiasmo donde algunos dirigentes piensan que con esto ya está. Son los primeros que te dicen: “che, hay que capacitar, capacitar, capacitar”, pero… En general, es así, aceptan que haya que capacitar. Ahora, yo siempre digo de ir  un poquito más a fondo. Como eso no lo pueden manejar, entonces les cuesta aceptar que lo que sigue es el trabajo; eso tiene que tener atado el manejarlo; se da mucho en el ámbito sindical en general. Darle una continuidad.

Digo, esa es más o menos mi experiencia. Piensen, hay cosas tan absurdas, tan ridículas, que trabajamos con una ley de higiene y seguridad hecha por el gobierno de Lanusse y reglamentada por el gobierno de Videla. Y ningún gobierno popular de los que pasaron desde ese tiempo, pudo mejorarla.

Fuente: Primer Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental” organizado por la Asociación de Psicólogos y la Red Iberoamericana de Factores Psicosociales y Laborales, 1º de abril de 2009, Buenos Aires. 

Comments

Popular posts from this blog

Libro digital "La salud laboral en el gobierno nacional y popular"

La Comisión de Control Obrero de la Higiene y Seguridad de Astilleros ASTARSA y el triunfo de la movilización popular

La Juventud Trabajadora Peronista en las luchas por la defensa de las reivindicaciones de la clase obrera