Luis
Luis
Transcripción de
escritos y testimonios de Luis Benencio, delegado gremial de ASTARSA,
coordinador de la Comisión de Control Obrero de Higiene y Seguridad en ASTARSA.
• Epílogos. (Extracto del libro “La
voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina”, 1997)
• ASTARSA 1. Tanques en el astillero
(testimonio en el libro “Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso”,
1998)
• ASTARSA 2. Volver (idem anterior)
• Prólogo (Libro “Esos claroscuros del
alma. Los obreros navales en la década del '70”, 1999).
• La forma de la historia (Capítulo del
libro "La razón de las masas. Nosotros la clase", 2003)
• Disertación ante el Primer Encuentro del
Foro “Trabajo y Salud Mental” organizado por la Asociación de Psicólogos y la
Red Iberoamericana de Factores Psicosociales y Laborales, 1º de abril de 2009,
Buenos Aires.
Epílogo
Cuando me dijeron si me animaba a
escribir unas líneas acerca de mi pensamiento sobre los años 70, pensé que
sería cuanto menos, todo un atrevimiento de mi parte hacerlo. Cuento para ello
con las herramientas que me dieron aquellas maestras del Tigre que me enseñaron
a leer y escribir y a hilvanar algunas ideas de cómo narrar historias
sueltas, anécdotas, vivencias y biografías.
Por lo tanto no pretendo -ni
podría- dar a estas líneas el vuelo
intelectual de un análisis profundo sobre este fenómeno que fue la década del
70.
Pero como ya habrán advertido,
prevaleció mi atrevimiento y aquí estoy intentando dar forma a algunas ideas.
Quisiera comentar en principio,
que cuando me invitaron a participar de los proyectos de Cazadores de utopías y luego del
libro La Voluntad, me interesó porque hasta ahora no habían hablado
los protagonistas de uno de los proyectos ideológicos enfrentados en aquellos
años. En todo caso, si algo se había dicho, era a través de algunos libros
cuyos autores intentaban asumir el pensamiento
de aquella época. Además, habiendo transcurrido más de veinte años, ya podría
ser el momento de empezar a hablar más adultamente de lo acontecido.
Para el análisis de esos años es
necesario, como di ría un pensador liberal, ubicarse en tiempo y espacio.
Veníamos del triunfo, en Cuba y en
Vietnam, sobre el gigante imperial, que para muchos de nosotros fue paradigma
de los objetivos y formas organizativas de las luchas populares. Con ello se
pone en contexto un ideario de cambio que no era patrimonio de un grupito de locos
y rompe con las críticas que he escuchado más de una vez en cuanto a que era un
fenómeno aislado y delirante.
Si tuviera que definir
sintéticamente los objetivos que teníamos en aquellos años, diría que la
consigna que usábamos la mayoría de los grupos y organizaciones en aquel
entonces "Liberación o Dependencia" es la que mejor representa la
orientación del pensamiento que animaba nuestras acciones
Basta ver el estado en que nos
encontramos hoy, para entender que el diagnóstico de situación de esa época y
los objetivos sobre opciones excluyentes tenía el valor de una visión histórica
que anticipaba el futuro.
No obstante, seguramente vamos a
coincidir, para analizar este tipo de fenómenos es necesario poner en
discusión todos los factores que intervinieron en estos años, pero esto lo dejo
para aquellos que saben más que yo.
Prefiero contar alguna anécdota
como por ejemplo que alguna vez compañeros muy jóvenes me han preguntado ¿cómo
era esa gente que hoy es desaparecida?
Lo primero que me sale contestar
es que es muy difícil, por lo menos para mí, poder contestar sobre esos
compañeros y que sea creíble lo que le
estoy contando a gente que vive en un país como el de hoy donde priman el
individualismo, la resignación y la aceptación en forma totalmente pasiva de
las imposiciones que afectan los intereses de aquellos sectores más necesitados
y que, día a día, no sólo están postergados en su ascenso social, sino que van
irremediablemente a ser excluidos del sistema.
Cómo les digo que eran compañeros
mayoritariamente muy solidarios, que estaban dispuestos a aceptar únicamente lo
que comprendían como beneficioso para ellos y para el conjunto, y que también
estaban dispuestos a discutir o enfrentar con la metodología que entendieran
como correcta lo que evaluaran como perjudicial a los intereses de la sociedad
en que vivían.
Dejo para el final
deliberadamente lo negativo de aquellos años, los terroríficos errores de
diagnóstico y el monstruoso comportamiento moral y ético que tuvo
principalmente gran parte de la conducción de la organización Montoneros.
En cuanto a lo personal, en
relación a esos años, quiero pedir perdón a los 30.000 desaparecidos por no
tener el coraje que ellos tuvieron y decirles que me queda el dolor de haber
sido y ya no ser.
Fuente: Epílogos. Luis Benencio, La Voluntad, Tomo 5,
pág. 700.
ASTARSA 1. Tanques en el
astillero
" ... Aunque
después hubo algunos datos más nosotros en esa época ya sabíamos que la Triple
A era un grupo armado que había firmado el lopezreguismo y que de alguna
manera, mientras le sirviera a les sirviera a los dirigentes sindicales ... No
sé si le daban el aporte del aparato, pero sí de datos, nombres de personas. Y
tenía un objetivo claro, que era destruir lo que se había construido. Y bueno,
lo fueron destruyendo todo, dando golpes paralizantes. Si un compañero muere
por un accidente de trabajo, uno se enoja y sufre. Pero si un compañero es
matado, digamos, o en los tres casos nuestros, son quemados vivos, eso ...
lejos de generar bronca ... eso paraliza.
... Yo creo que en el
tema de la Triple A había una alianza, una combinación de información entre la
burocracia sindical, sectores del Gobierno y Estado y ... la patronal, sin
ninguna duda. La que aportaba datos de los delegados gremiales era la patronal
...
. .. La situación antes
del golpe era casi insostenible. El día anterior al golpe estábamos discutiendo
en el sindicato una serie de problemas que había adentro de fábrica y
escuchamos, yo me acuerdo que ya era que, que el rumor no era rumor, era vox
populi que el golpe se daba al otro día.
Y bueno, esa noche nos
reunimos muy fugazmente y, dijimos, bueno mañana a nadie se le ocurra ir a
fábrica porque el que va no vuelve. En ese momento, nunca me voy a olvidar,
éramos un grupo de doce compañeros que nos reunimos. Cuatro no hicieron caso y
fueron a fábrica.
Bueno, y en fábrica es
obvio que había tanques, tanques de verdad, camiones del Ejército. Un operativo
descomunal ... Y los cuatro compañeros, de los cuales dos eran delegados, los
compañeros se llamaban Vivanco, uno se ahorcó en la cárcel, y el otro salió
porque era uruguayo, no se bien que convenio había con Uruguay ... La cuestión
que lo torturaron pero lo dejaron vivo. Del resto de los compañeros ninguno
apareció más. Es obvio.
Del testimonio original de Luis Francisco Benencio,
antiguo activista de los astilleros Astarsa de San Fernando, para la
realización de "Cazadores de utopías”. Según la denuncia presentada ante
la CONADEP por la esposa de Rodolfo José Iriarte (Legajo Nº 6674), delegado
gremial de Astarsa secuestrado y desaparecido, el día 24 de marzo a las 6 de la
mañana fueron detenidos 60 trabajadores del astillero. A cargo del operativo
estuvo un mayor de apellido Ricardi, de la Escuela de Ingeniería de Campo de
Mayo quien contaba con una lista del personal de Astarsa aportada por la
empresa.
Fuente: Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el
Proceso”, 1998
ASTARSA 2. Volver
" ... -¿Qué pasó
cuando volviste? ¿En algún momento volviste a pasar por Astarsa? ¿Qué recuerdo
tenía la gente de Astarsa al final de la dictadura sobre aquella época?
-Sí, en el año 86, o
sea que no fue tan rápido, necesitaba mucho coraje para volver a la puerta de
Astarsa ... Un amigo venido de España me dice Jaime -porque yo era conocido por Jaimito- ¿te
animás a ir a Astarsa a ver si podemos rearmar algo?”
Y ahí nos fuimos, a la
puerta de Astarsa. Estuvimos tres o cuatro días yendo a la puerta. Pero ya no
quedaba nada, muy pocos compañeros de los que habían compartido con nosotros.
Por supuesto no estaban dispuestos a nada, tenían todos la versión de la dictadura.
La versión, no se, de que nosotros éramos los cucos, los guerrilleros ... no
se, los malos.
... Fue una impresión
muy dura. La señora de un compañero que era uruguayo, que se llamaba Vivanco,
no el que se ahorcó en la cárcel, el salió pero en muy malas condiciones
físicas ... Con esa señora habíamos compartido pero muchísimos días, de
alegrías, de vino, de reuniones. No con ella pero donde ella, digamos, hacía de
anfitriona. Y nos dio vuelta la cara. A Sosa y a mí.
Y yo no me animé a
decirle nada, no me animé a hablarle. Eso me lo reprocho siempre. Creo que
hubiese tenido que tener el coraje de por lo menos darle una explicación. Pero
no tuve coraje de dársela. Eso fue ahí, en la esquina de Astarsa. Y los
compañeros, los pocos que quedaban, bueno, nos decían ´Cómo están. Pensábamos
que estaban muertos. Que alegría verte vivo.
- ¿Por qué pensaban que
tenían que dar una explicación?
- Por un problema de
... de culpa. Porque a mí no me pasó nada en el sentido de que ni fui torturado
ni fui desaparecido, y ella tenía un marido torturado, un cuñado desaparecido,
otro ahorcado y ella pensaba que yo había sido ideólogo de todo eso. Ella
pensaba que yo tenía un grado de responsabilidad muy grande ahí. ¿Cómo le
explicaba que yo no era necesariamente así. ... ? La que le tenía que dar una
explicación era la organización Montoneros. Nunca se la había dado, ni siquiera
intentó dársela. Porque gran parte de la desprotección de esa familia la tenía
la organización Montoneros ... Se calculan 14 muertos en Astarsa. Nosotros,
desde las bases ya habíamos planteado que eso se iba a dar, que los que
trabajábamos en el campo sindical estábamos muy expuestos. Y que éramos los más
fácil se ser … este ... eliminados."
Del testimonio de Luis Francisco Benencio,
antiguo trabajador del astillero Astarsa, para la realización de la película
"Cazadores de utopías”.
Fuente: Decíamos ayer: la prensa
argentina bajo el Proceso”, 1998
Prólogo
He leído con mucha
atención este relato histórico hecho novela donde se describen, con mirada
distinta, anécdotas y hechos, personas y situaciones que transcurrieron por
esos turbulentos, apasionados y dramáticos años.
Siempre pensé que
llegaría el día que, en la descripción histórica –y también política e
ideológica- e los años ´70, se analizaría el comportamiento perverso de las
cúpulas dirigentes y que alguien, viejo amigo, rescataría de esas historias la
cotidianeidad: las personas, sus vivencias, sus grandeza y sus miserias.
Me alegro de todo
corazón que te hayas animado escribir
estos relatos donde los hombres estamos tal cual somos, con sus pasiones, sus
amores y su soledad.
Es que, en estos años,
me he preguntado tantas veces donde estarían; que sería, por mencionar a alguno de los tantos compañeros, de los
Vivanco, esos hermanos Uruguayos, capaces de compartir todo cada vez que fuese necesario;
dónde el Hugo Rivas, que jamás se dijo marxista o revolucionario, que dio todo
(todo: incluido la vida). O el Tano Mastinú delegado las 24 horas del día.
Creo que vos y yo
sabemos la cantidad de páginas que se podrían llenar con los actos, con esa
generosidad de los compañeros hechos de una calidad humana a toda prueba.
Muchas veces, cuando
hablo de estas cosas, me preguntan cómo eran aquellos compañeros, qué era lo
que habían y habíamos conquistado y ayudado a cambiar. Por qué, durante ese
tiempo, fuimos distintos. O sea, distintos en nuestras vidas; distintos a como
veníamos armados desde atrás, de antes. Y siempre me pareció que la respuesta
adecuada era esa humanidad que habíamos logrado desplegar entre nosotros, pero
que queríamos extenderla: que el mundo la hiciera suya.
Creo que fue una
invención nuestra. Al menos fue eso lo que descubrimos en nosotros: que estalló
entre nosotros. Que fue una búsqueda permanente de algo parecido a la
felicidad, para nosotros, no tenía sentido si no era compartida.
En definitiva, vos
sabés. Te escribo estas líneas no desde el militante que logró sortear los
obstáculos y las miserias de la dictadura, sino desde el lugar del compañero y
amigo que continúa con una gran pena y un gran dolor por las pérdidas, por un
proyecto cargado de ternura que no fue.
Pero ya ves, aquí
estamos. A pesar de todo no nos han vencido totalmente y apelo a tu autor
predilecto para recordarte: "Es la angustia de la libertad lo que te hará
libre y no la angustia de muerte".
Un fraternal abrazo
Luis Benencio
Fuente: Esos claroscuros del alma. Los
obreros navales en la década del '70, 1999
La forma
de la historia
Luis Benencio,
nacido el 11 de febrero de 1944
Cómo los tratamos nosotros a ellos y cómo nos
trataron, después, ellos a nosotros. Esa es la gran diferencia ...
De hecho el primer regalo que tuve yo en serio, porque
mis viejos eran muy cagados de hambre, era los que mandaba el Correo Central.
Mi papá trabajaba en los barcos areneros que van a buscar arena al Paraná y la
traen. No eran peronistas politizados. Eran de los que recibían la máquina de
coser. Yo tengo una anécdota respecto de eso. Como mi mamá era enferma, estuve
internado en colegio de huérfanos, cuatro años. Justo cacé el 55, cuando lo
echan a Perón y ¿sabés cuál fue el recuerdo más impactante para mí? Cuando
entré nos daban el traje, nos daban tres platos de comida, estábamos bien, nos
llevaban al cine, nos llevaban a los circos y ¿sabés lo que me quedó?: que nos
sacaron el postre. Me acuerdo que lo que más esperábamos todos los chicos, como
chicos que éramos, era el postre. Cuando se fue Perón, se fue el postre. El
postre era nuestra expectativa en cada comida.
"El vestuario de los menores es renovado cada
seis meses y se incluyen en los menúes aves y pescados, por lo que, desde el
punto de vista material, la atención de los internos es suntuosa, excesiva y
nada ajustada a las normas republicanas que convienen para la formación
austera de los niños".
Informe de la Comisión Investigadora de la
"Revolución Libertadora", 1955.
Después en mi vida sucede una cosa inesperada.
Cuando se me terminaron las vacaciones y debía volver
a la escuela, un vecino le dice a mi viejo y a mi vieja:
-¿Para qué lo van a llevar? Yo le doy laburo.
El hombre tenía una lonería. Así me libré del colegio
y lo más hermoso de eso eran las "meriendas literarias". ¿Qué pasaba?
Este hombre nos juntaba a los pibes del barrio, paraba el laburo y nos hacía
escuchar a Caruso, a Beniamino Gigli, nos leía Schopenauer ... Era un derroche
del que ojalá hubiese aprendido un diez por ciento. Era un tipo maravilloso.
Cruzado de historias
El primer hecho político de mi vida fue cuando echan
del Hospital San Fernando a dos médicos, uno de los cuales había operado a mi
vieja y era amigo de este hombre, lo echan por comunistas y nosotros salimos a
juntar firmas y a distribuir un periódico. Debía tener 12 ó 13 años entonces y
yo estoy cruzado de peronismo, ni hablemos del PC, pero los argentinos tenemos
que ser de una sola cosa, como que no podés tener mezclas, ser de varias procedencias.
Pero así es, yo no podría decir que soy puro de algo.
El doble fondo
En el 70, más o menos, un amigo me hace entrar a
ASTARSA. Eran astilleros con una gran población trabajadora, alrededor de mil,
quinientos navales y quinientos metalúrgicos. Dueños eran los Braun Cantilo,
dueños del Banco de Galicia. Los mismos de la famosa historia de la Patagonia,
la historia de la masacre de los obreros rurales en 1923. Además había gente de
la Marina. Estaban los Alemann, aunque no figuraban ...
Todos los 24 de Marzo nos reunimos en el Tigre, a las
puertas del astillero que hoy son ruinas, para recordar. Y cada año se acerca
uno más para recordar el aniversario del golpe de estado de 1976.
En general, cuando te ven, todos creen que estás
muerto ...
Los primeros 30 días en ASTARSA consistían en lo que
se llamaba la Escuelita. A los que no sabíamos nada, nos enseñaban el oficio de
calderero. Se le dice así al que arma el barco. Oficial o, en el caso nuestro
que recién entrábamos, Ayudante. Punteábamos. Después viene el soldador y
suelda. Punteábamos, cortábamos con acetileno. Con el soplete, íbamos armando
las piezas: el barco se arma como un
rompecabezas. Nuestro trabajo era ese gigantesco
rompecabezas de hierro.
Los primeros 10 días no sabía si me quedaba o me iba a
ir. Es un trabajo muy rudo, donde hay toda una serie de juegos entre laburantes.
Entonces, entrar nuevito es como entrar en la Colimba: que te abrían el cofre,
que te sacaban el casco, y que tenías que pedir otro casco, que te tiraban la
leche o te decían: "Pibe, trae me el martillo de goma" ... Algo
grosero que te dabas cuenta, pero a veces te pedían herramientas que no
existían. Era verduguearte.
y no te digo los "doble fondo": pegaban un
mazazo arriba y vos estabas abajo, encerrado, trabajando en un cubo de metal y
te quedaba e! oído ...
No es que te tengan bronca. Lo agresivo se mezcla con
lo afectivo. Es una forma de comunicarse, de limarte e! amor propio y probarte
como compañero.
Yo no quería perder el laburo. Y ni pensaba en
activar.
Contestar mal a propósito
Durante la escuela vislumbraba para mí que algo podía
pasar con un par de compañeros. De hecho, uno después resultó del PO (Poder
Obrero). Aquello sería una mezcla terrible. Pero en ese mes había que hacerse
el tarado. De diez preguntas -me acuerdo- en el examen de ingreso contesté mal
una, a propósito.
El problema central que había era las condiciones de
trabajo. Y un turno desfachatado de 12 horas por día. De 6 a 6 de la tarde. A
las cuatro se iban los que tenían "insalubre". Para nosotros
insalubre era todo, pero la Patronal, por supuesto, tenía criterios especiales
y se la daba apenas a un 10% del personal. Los acomodados. Teníamos unos
delegados muy especiales. El Sindicato (SOIN - Sindicato de Obreros de la
Industria Naval) también era especial: arreglado con la empresa. El sueldo
había bajado, pero ellos igual mostraban como un triunfo, por ejemplo, las 12
horas ...
Estábamos muy controlados. En el 71 nos reuníamos ya
un grupo de 5 ó 6 compañeros, con la idea de hacer una Agrupación. Había
peronistas, un grupo "El Obrero", que después fueron de las FAR
(Fuerzas Armadas Revolucionarias). No había integrantes de un solo color. A
fines de! 72 vamos a elecciones. Y naturalmente no podía ir ninguno de
nosotros, porque nos iban a rajar y no iba a quedar nadie.
Entonces ponemos gente de los trabajadores viejos, la
gente que nos parecía decente. Vamos a elecciones y perdemos por 70 votos. En
ese momento nos identificábamos como Lista Marrón. Después del 73 años llamamos
"Cro. Alesio".
La muerte como norma
Nosotros veíamos que ahí era normal aceptar que cada
barco se llevaba una o dos vidas. ¿Qué hacía la Patronal cuando se moría un tipo?
Tocaba el pito, paraba, nos íbamos a casa y, al otro día, volvíamos a trabajar.
Eso era todo.
Hasta Junio de 1973, cuando un compañero -que se
llamaba José María Alesio, precisamente -en un doble fondo, se nota que se acumula
gas, tal vez que alguno dejó el soplete, él toca con la pinza y sé quema vivo.
Cuando sale por el agujero del doble fondo, peor. Porque la llama, al agarrar
el aire, fue como una fogarata que corría.
Lo llevamos al Instituto del Quemado. Ibamos todos los
días desde el Tigre, a vedo. Una buena mañana llega alguien:
-Che saben? Se murió José María.
Ahí se armó el quilombo. Tomamos la fábrica. Tomamos
rehenes. A todos los directivos de la empresa que estaban adentro, salvo Braun
Cantilo que no estaba en ese momento.
El 80% de los compañeros se quedaron con nosotros. Los
del Sindicato se fueron: para ellos estaba establecido que era así, que siempre
se iba a morir alguien. El Sindicato se llevaba los aportes, las cuotas y
descuentos salariales y punto.
Lo primero
Cuando vos tomás una fábrica, lo primero que sabés es
que no la querés hacer larga. Porque a la larga, perdés. Y aquí viene la otra
parte de esta historia que duró 10 días. Los Montos.
Empezamos a necesitar contactos. Para que no nos
repriman.
Los que. estaban cercanos a las FAR, ya estaban en
Montos. Nos acercan diputados, nos acercan fierros, porque algo teníamos que
tener para defendemos, nos acercan posibilidad de llegar a jueces. Yo todavía
no era de la JTP, la Juventud Trabajadora Peronista, organización de Masas de
Montoneros). Precisamente nosotros empezamos la constitución de la JTP. Estaba Julio
Troxler en la Policía de la Provincia de Buenos Aires ...
Cuento todo esto porque si yo cuento que hicimos el
conflicto y ganamos y todo eso, es de comboy. Suceden otras cosas alrededor.
Todo esto, que no es pavada, idas y venidas, discusiones con los compas, un
fragoteo impresionante si lo pensás.
Un Juez se hace cargo de la historia y viene a pedir
que liberemos a los rehenes. Por supuesto, nosotros no aceptábamos, además
pedíamos una serie de reivindicaciones:
La reincorporación de todos los despedidos por causas
políticas . y el control obrero de la Seguridad e Higiene.
El control obrero
Además de otras reivindicaciones menores. En ese
momento estaba José Otero de ministro de Trabajo, que era dirigente metalúrgico.
Entonces viene Otero a la fábrica. Quiere levantar, el
muy turro.
Casi lo cagan a trompadas. Sale Otero rajando. Ya
veían que no podían. Que esto estaba firme y se enfrentaban a una convicción
que no esperaban.
No había posibilidad de marcha atrás y la Patronal,
que tiene siempre mejor información que nosotros, viene a negociar. Ante la cadena
de cosas que veía, ante la gente del barrio y no solamente la gente del barrio
sino los parientes de nuestra gente, que los venían a rodear totalmente en la
puerta de la fábrica, se da cuenta la Patronal que reprimir le salía
políticamente más caro que negociar. La dimensión que aquello había tomado, con
los canales de televisión delante, era a cara o cruz. Empezamos a negociar en
el Ministerio de Trabajo.
No nos querían dar el control obrero. Pero era una condición sine
qua non. Y tuvieron que darlo. Se
lo ganamos.
Recuperamos a todos los despedidos. Hasta
reincorporamos a los compañeros que en el 55 los habían echado por delegados
sindicales, los viejos les decíamos nosotros, uno había sido anarquista, despedido
en el gran quilombo por las 6 horas del 57, cuando hicieron una toma como
nosotros
Nuestras clases dominantes han procurado
siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan
héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas
anteriores. La experiencia colectiva se pierde. Las lecciones se olvidan. La
historia aparece como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas
las cosas.
RODOLFO WALSH.
pero esa vez los echaron a todos. Ellos nos contaban
esa historia, nosotros la reconstruimos a partir de ahí, de nuestra toma. Me
acuerdo que casi todos estaban jubilados ya, pero dos volvieron. ¡y no lo podían
creer!
Pero aquí está la otra historia que decía.
Jerarquías
Falta una parte en todo esto: yo era un tipo con
miedo. Lo cuento porque, de lo contrario, armo una imagen y la imagen puede
ser buena o mala, pero no aparezco yo en la realidad.
Qué era la violencia para nosotros. Y cómo procedían y
procedieron después ellos, la Patronal.
Nosotros habíamos apalabrado al concesionario que le
íbamos a garantizar el pago por morfi. Y a ellos, les dábamos la misma comida
que comíamos nosotros. Algunos de ellos, empleados de jerarquía, después nos
reconocieron. Tuvimos una actitud muy humana. A veces había que parar a los
muchachos, que agarraban las motos y las ponían a rugir para hincharles las
pelotas. Pero no hubo ni verdugueo, ni juicios, ni nada de eso. Algunos después
se acercaban. Te daban datos. Creo que algunos cambiaban de conciencia por
haberse reconocido iguales a nosotros y que sus prejuicios se les iban al
carajo. Eso pasa.
Los desconocidos de siempre
En el 74 teníamos que tener nuevamente elecciones.
Pero el Sindicato, la Burocracia,-interviene y pone gente del CDO (Comando de
Organización), de los que intervinieron en Ezeiza. Tipos que todavía andan
sueltos, gente muy especial: Rampoldi, que en un tiempo estuvo de
subsecretario de Trabajo en la gobernación con Duhalde. Tenían un tipo de los
Servicios dentro de la fábrica.
Es bastante complicado de contar todo después de
Ezeiza. En nuestra agrupación había de todo, era como un pacto colectivo. La mayoría
no éramos peronistas, pero había peronistas simbióticos. Montoneros nos había
puesto un responsable, pero nosotros nos respondíamos a nosotros mismos.
Tuvimos muchos conflictos con los Montos. No con JTP, porque JTP lo hicimos
crecer nosotros. Porque como éramos un conflicto referente, nosotros después
estuvimos en FORD, Matarazzo, Terrabusi ... y siempre estuvimos en las tomas.
Acompañando y además: o sea que hicimos masa y ramificamos. Cada conflicto se
re alimentaba con el otro, que es lo que más le jode al sistema porque vuelve
imparables las reivindicaciones y, cuando te querías dar cuenta, aparecía un
montón de gente con la misma sintonía. Eso también tenía un efecto entre tus
compañeros de laburo, que a veces ni siquiera veían bien que nosotros nos
fuéramos. En las fábricas es muy importante ir a horario, estar con los
compañeros, estar en el baúl un rato. Si a vos te absorbe Matarazzo, por más
que estés peleando para que gane Matarazzo, no les importa un carajo. Tienen
que verte ahí. Tienen un problema y te quieren ahí. No te perdonan que no
estés.
Otra cosa interesante de esa etapa fue cuando me
encargo del control obrero. Teníamos que ir al Instituto de Medicina del
Trabajo, que funcionaba en la Facultad de Medicina. Salíamos de la Fábrica, y
nos íbamos a la Facultad. Y nosotros, claro declarábamos a todo "insalubre",
pero no teníamos la más puta idea de los aspectos técnicos que había que
resolver. Después hicimos convenios con la UTN (Universidad Tecnológica
Nacional) para que viniera a medir la contaminación. De manera que había
ritmo. La fábrica era la universidad y la universidad, fábrica ... ¡Qué lindo
país somos capaces de hacer los laburantes!
A Ezeiza se iba para una fiesta
Todo eso era JTP y el crecimiento de la JTP fue
bárbaro. Lo que pasa es que ellos, los Montos, querían poner responsables
directos de la Organización y nosotros no. Y después, la gran cagada de los Montos:
meter en acciones armadas a tipos que tenían jetoneo, como yo, a veinte cuadras
de tu casa. Nosotros se lo cuestionamos. Aunque tenían contemplación, porque
nos cambiaron como cien responsables. La columna Norte era distinta. Había
mucho FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) ahí. Era otra cosa. Todos éramos
tan amigotes, que desfilaban los responsables, no nos dejábamos llevar a otros
terrenos porque teníamos que defender a nuestros compañeros. Una cosa eran los
dirigentes de) Montos que, total tenían cuanta casa querían para guardarse y
otra, el compañero que tenía nomás su barrio. Y el compañero de buen tipo, iba
...
A Ezeiza se caminó como para una fiesta y volvimos con
una masacre. Y 10 mismo tengo que decir de cuando fuimos el 10 de Mayo de la
Plaza, o mejor dicho: de cuando volvimos. De las puteadas, la bronca, algunos
lloraban, viejos y no tan viejos. No lo podían creer de Perón. Que se
permitiera eso. Cómo no podían creer que Perón nos echara. Yo sí. Para mí era
obvio que estábamos haciendo méritos para que nos echara. La incertidumbre que
fue el tiroteo (Ezeiza), los micros que perdieron a la vuelta, fue un quilombo
y, sobre todo, la decepción. Fue la primera decepción con el Viejo. Un
cachetazo.
Nosotros teníamos organizados 500 trabajadores y
llevábamos 400. De verdad y sin exagerar, porque no era un mérito nuestro, era
el momento. Cuatrocientos te digo de Navales, porque Metalúrgicos de Zona
Norte, donde estaba el célebre Minguito y ésos, capaz que ni 50 llevaban.
Metimos gente a lo loco. Hasta nos tuvimos que cagar a trompadas y palazos para
llegar y que nos hicieran un lugar en la Plaza de Mayo para ello. ¡y te
imaginás que nos echen después!
Después la gente te pasa la factura: adónde mierda me
llevaste? y uno debía dar explicaciones. Pero eran desilusiones de peronistas.
No de obreros.
Lo que yo pueda decir de entonces no es nada original.
Extraño la Solidaridad. No éramos un grupo de
activistas. Éramos amigos. Íbamos a los casamientos, le pagábamos el
casamiento al que no podía, nada que ver y muy difícil de contar en este
contexto actual. Por eso cuando los comunicadores hablan de la violencia, dicen
que toda violencia es igual, yo me digo que lo nuestro era un acto de
violencia pero cómo era la violencia de ellos?
El dedo de los patrones
A nosotros antes del Golpe ya nos habían matado a
siete compañeros. Las Tres A y todo eso. Cinco navales y 2 metalúrgicos.
Además nos habían levantado tres compañeros que todavía no sabemos cómo los
salvamos. Los levantaron, los torturaron y los liberamos. De éstos a uno,
después sí lo matan: Martín Mastinú, delegado igual que yo de la sección
Calderería, este compañero que decía al principio.
La violencia de ellos fue traer patrulleros, carros de
asalto, camiones con tropas.
Así como al desmoronarse la estructura
imperial de Roma, el ejército de cada provincia asumió el gobierno político
vacante, a la caída del monarca español, el ejército patricio que comandaba
Saavedra se hizo cargo del gobierno vacante en Buenos Aires el 25 de Mayo de
1810. ( ... ) La Revolución de Mayo fue un pronunciamiento militar ( ... ) Del
mismo modo, la declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán, el9
de Julio de 1816, fue también una decisión militar. No hubieron mayorías
tumultuosas ni sufragistas, sino jefes que decidieron lo que debía hacerse.
JORDÁN BRUNO GENTA (subrayados del propio
autor), 1960
Todo en puerta de fábrica el 24 de Marzo. Y levantaron
todo lo que podían. Después hicieron todo lo que ya sabemos. Fuimos torturados,
matados.
Pero antes de todo eso, fuimos denunciados, nombre por
nombre, durante dos días que los milicos se instalaron en nuestra empresa
después del asalto del 24, por algunos de aquellos que tuvimos de rehenes.
Fuente: La razón de las
masas. Nosotros la clase, 2003
Disertación ante el Primer
Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental”
En
realidad vengo a charlar. ……… cuando nosotros tomamos la fábrica, y tomamos el
control obrero el 21 de diciembre, recurrimos al Instituto de Medicina del
Trabajo y …….. no creo que dé bien el examen, pero voy a tratar de decir algo.
En
mi vida, digamos, hay tres etapas con respecto a este tema.
La
primera etapa tiene que ver con mi experiencia como obrero en los astilleros
Astarsa, en la que, como decía Deolidia, y es cierto, lamentablemente también
tengo que hablar de las desapariciones,
de las muertes, y de lo que impactaban en nosotros. ¿Qué es lo que quiero
decir? Mi ingreso a Astarsa fue en los años 70, yo entré en el 72 y estuvimos
hasta el 76, en que ……… nos sacó. Esta primera etapa como obrero naval, fue una
experiencia muy dura, muy cruda. Yo no había hecho la colimba, no había hecho
nada y de repente entro a descubrir que la industria naval es una industria muy
fuerte, donde los trabajos son muy duros, donde los juegos entre los laburantes
son juegos duros; para que ustedes tengan idea, por ahí venía un día y el cofre
te lo violentaban, por ahí salía del
cuarto y el guinche te volaba sobre la cabeza. Digamos que por la
característica del trabajo, había mucha agresión, mucha violencia muy fuerte.
Ustedes le podrán dar un nombre técnico, yo la cuento como la sentía. Y esa
experiencia era acompañada por algo que era peor: los que estábamos ahí nos
empezábamos a enterar que cada barco que se construía –la construcción de un
barco tarda un año y medio o dos- se llevaba uno o dos vidas. O sea, por cada
barco que se construía, inexorablemente uno o dos compañeros tenían que morir,
porque no había posibilidad de otra cosa. Esa era la lógica de la patronal. La
lógica de la patronal: lamentablemente, nosotros hacemos todo lo posible para
que no haya accidentes, pero hay cosas que son inevitables.
¿Qué
hicimos un grupo de jóvenes que empezamos a trabajar ahí? Primero, empezar a
rebelarnos contra esa lógica. Y la única forma de rebelarnos era ir
construyendo en conjunto una agrupación, algo que nos nucleara y nos
posibilitara en algún momento rebelarnos contra esta lógica. Esta rebelión se
dio en una etapa muy especial del país que fue en junio del 73. Ubico tiempo y
espacio porque me parece importante: gobierno de Cámpora, para mí, en lo
personal, cuarenta y nueve días o más de mayor libertad de mi vida, de los
sesenta y cuatro que tengo –y no soy peronista, lo aclaro-. Son los días que yo
viví con mayor libertad. Sobre fines de mayo, en un doble fondo de un barco, se
nos incendia un compañero vivo, cuando sale el fuego se aviva, y termina
carbonizado, es llevado al hospital y a las horas falleció. Y los jóvenes,
que ya veníamos organizando cómo
rebelarnos contra esto, decidimos tomar la fábrica en ese momento, con rehenes,
los gerentes y el vicepresidente de la empresa. Mantuvimos el conflicto siete días,
con intervención de juez, que mandaba todos los días para revisar cómo estaban
los rehenes, con médico. Digo esto para diferenciar cómo los tratábamos
nosotros a los rehenes de cómo nos trataban desde el 76 a nosotros. Bueno,
ganamos el conflicto. Y dentro de las reivindicaciones que pedíamos –la
reincorporación de los despedidos, liberación de presos políticos, aumento de
sueldos…-, el eje central era el control obrero de las condiciones de trabajo.
Pensado desde hoy, era audaz, porque era hacernos cargo de algo que no
conocíamos. Era audaz. Y esto es interesante porque que fuera audaz era a su
vez… Digamos, era una año de mucha fuerza; nosotros trabajábamos con JTP,
estaban los Montoneros, y nos sentíamos fuertes. Y este conflicto nos dio más
fuerza todavía. Nos encontramos con el control obrero de las condiciones de
trabajo, porque era algo evidente, digo, saber cómo era la prevención, cómo era
esto de …., cómo era esto de la ….. Por suerte articulamos nuestro
desconocimiento de lo teórico, de lo técnico -pero con nuestro conocimiento
como laburantes en el lugar de laburo- con los conocimientos científicos de los
compañeros del Instituto de Medicina del Trabajo, que nos posibilitaba ir
trabajando el día a día. También hicimos convenio con la Universidad
Tecnológica para las mediciones de los gases, de los ruidos (el tema de los
ruidos era un drama impresionante). Bueno, en este día a día de trabajar esta
articulación de laburantes y técnicos, científicos, médicos, llevamos adelante
este control obrero que duró unos tres años, del 73 al 76. En esos tres años se
construyeron dos barcos y medio, y no hubo ni un solo accidente de trabajo, lo
cual demostró que nuestra lógica era la que tenía razón y no la de la patronal,
cuando la patronal nos había convencido de que tenía que haber accidentes
mortales.
Este
tema de los accidentes hoy en la Argentina en la mayoría de las empresas sigue
existiendo, es un problema serio; yo siempre pongo cifras que son elocuentes:
cerca de mil trabajadores en blanco se mueren por año por accidentes de
trabajo. Si tomamos un período de diez
años, diez mil trabajadores; si contamos los que trabajan en negro,
veinte mil trabajadores se mueren por año por accidentes de trabajo. Es un
pequeño genocidio que sucede y que nadie lo toma. Esto que digo yo, serán diez
mil, veinte mil, nadie lo toma en cuenta, no son temas que se tomen.
Bueno,
esta fue mi primera parte, mi introducción al tema salud y trabajo. Luego viene
la segunda parte. Cuando se termina la dictadura, nos juntamos con otros
compañeros con los que habíamos trabajado este tema en los 70, ya en el 84, y
formamos lo que llamamos el Centro de Estudios del Trabajo. ……… Estuvimos ocho
años trabajando el tema de prevención, capacitación, investigación en el tema
salud mental y trabajo. Y ahí nos tocó otra problemática -la de los 70 seguían
estando-, se agregaba un fenómeno que no estaba en los 70, que era la
flexibilización laboral. Nosotros en ese momento trabajábamos en varios
sindicatos - …….. , Quilmes, ceramistas, publicidad, en fin, en varios
sindicatos- y trabajamos estos temas. Sobre todo en la industria metalúrgica veíamos
la crudeza de la flexibilidad laboral. ¿Qué significaba la flexibilidad
laboral? En ese contexto histórico, significaba todos los días hubiera una
devaluación del diez por ciento y los trabajadores tenían que salir a negociar
mayor producción para poder aumentar su salario. O sea, iban los delegados, los
sindicatos; al hacer presencia, bueno: “Nosotros queremos aumento de sueldo.”
–“Sí, se los vamos a dar, pero ustedes tienen que ayudarnos a nosotros también,
produzcan una o dos piezas más.” Y así, en esos años, uno veía cómo el
trabajador terminaba destruido totalmente, porque aumentar la producción tiene
un techo y la inflación seguía, diariamente o mensualmente.
Esa
fue una etapa muy, muy difícil porque –también es cierto- a los sindicatos este
tema les cuesta mucho, cuesta mucho que lo entiendan.
En
todo caso –como decía Deolidia-, hasta capacitación prestamos siempre. Ahora,
con la capacitación sólo no basta, es una parte. Cuando hay que llegar a
trabajar en la producción, cuando hay que ahorrar tiempo, el tema de tomar
medidas contra los riesgos es secundario, ahí ya se justifica todo, los
sindicatos… muy pocos lo toman. Yo sé
que los docentes –tengo amigas setentistas- lo toman, pero en general no lo
toman.
Bueno,
en esos años trabajamos bastante y luchábamos bastante con los sindicatos para
que nos dieran la oportunidad de poder profundizar en estos temas, con
resultados bastante magros yo diría muy magros.
Después,
yo tengo una tercera etapa que es hoy, en Judiciales.
Hoy
estoy trabajando en la Federación Judicial Argentina, pertenezco al Centro de
Estudios de la Federación. En esta última etapa, como la Superintendencia de
Riesgos del Trabajo, estaban los llamados muy grandes y el tema capacitación.
Nosotros hacíamos capacitación en todo el país para los judiciales y ya estamos
por hacer el segundo curso. Pero debo ser honesto, un poco lo que les decía
recién: tiene como una primera etapa de entusiasmo donde algunos dirigentes
piensan que con esto ya está. Son los primeros que te dicen: “che, hay que
capacitar, capacitar, capacitar”, pero… En general, es así, aceptan que haya
que capacitar. Ahora, yo siempre digo de ir
un poquito más a fondo. Como eso no lo pueden manejar, entonces les
cuesta aceptar que lo que sigue es el trabajo; eso tiene que tener atado el
manejarlo; se da mucho en el ámbito sindical en general. Darle una continuidad.
Digo,
esa es más o menos mi experiencia. Piensen, hay cosas tan absurdas, tan
ridículas, que trabajamos con una ley de higiene y seguridad hecha por el
gobierno de Lanusse y reglamentada por el gobierno de Videla. Y ningún gobierno
popular de los que pasaron desde ese tiempo, pudo mejorarla.
Fuente: Primer Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental” organizado por la Asociación de Psicólogos y la Red Iberoamericana de Factores Psicosociales y Laborales, 1º de abril de 2009, Buenos Aires.
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