Tres notas periodísticas sobre el Instituto de Medicina del Trabajo

Primeras Jornadas Nacionales de Medicina del Trabajo “… Cuando se libere totalmente el trabajo humano”

Fuente: Revista El Descamisado Nº 26, 13 de noviembre 1973, páginas 20 y 21

Enlace: https://drive.google.com/file/d/18l93J1VRg5i1_EYVdliWaR-fTubhnNmD/view?usp=sharing


Para que los hombres vuelvan a cantar cuando trabajen. Sólo el control obrero garantiza las condiciones de seguridad y salubridad en el trabajo

Fuente: Revista Ya! Es tiempo de pueblo, noviembre 1973, páginas 19 y 20.

Transcripción:

El 1, 2 y 3 de noviembre se llevaron a cabo, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bs. Aires, las Jornadas Nacionales de Medicina del Trabajo. En la misma participaron autoridades de la Universidad, de los Institutos de Medicina del Trabajo de Buenos Aires y de Rosario, y delegaciones de trabajadores de diversas zonas del país. La importancia del encuentro radicó no sólo en las cosas que allí se dijeron sino, fundamentalmente, en que por primera vez grupos profesionales se plantean seriamente la posibilidad de un trabajo científico y técnico, que realmente responda a las necesidades de la clase trabajadora argentina.

Hacé de cuenta que tenés cáncer cuando estás en el lijadero, el trabajo te produce alergias, llagas en las manos; te deja el cuerpo a la miseria e incluso llegás a bajar varios kilos por día y aparte te quita el hambre." "El trabajo en la soldadura es el más pesado de la fábrica. Generalmente te jode la columna vertebral . Aparte , el humo que lanza la soldadura es insalubre y peor si te tocan chapas que tienen aceite y barniza. La pulidora , que actúa sobre la carrocería ya construida , trabaja a 6.000 revoluciones por minuto, transformando a la carrocería en una caja de resonancia que produce un ruido altamente agudo. Eso, unido al martillo neumático y a los diversos trabajos manuales, da lugar a que esa sección en donde trabajan 600 obreros se transforme en un ambiente infernal. El oído aguanta más o menos 80 decibeles y ahí debe haber unos 140 o 150”

Quienes así hablan son trabajadores de Peugeot, una moderna fábrica de automotores .Toda la "modernidad" de la fábrica , toda su técnica sofisticada, todas sus máquinas importadas, sólo sirven para que los ricos propietarios de un Peugeot 504 muestren orgullosos los últimos "chiches" de su automóvil , y para que los obreros dejen su salud, sus columnas, sus oídos, en los galpones de las fábricas.

OBREROS: A PRODUCIR

Es que un sistema capitalista y dependiente como el nuestro, donde la riqueza se produce a costa del sacrificio y el trabajo de muchos pero va a parar a manos de unos pocos, las máquinas y la organización del trabajo no están pensados en función de facilitar y aligerar el trabajo humano. Por el contrario, llevados por su interés en fabricar la mayor cantidad de productos en el menor tiempo posible y al más bajo costo, los dueños de las empresas no vacilan adoptar cualquier medida. No importa que los ritmos de producción enloquezcan al más sano,  no importa que el ruido de las máquinas deje sordos a los trabajadores, no importa la gran cantidad de partículas de plomo en el aire -metal muy utilizado en industrias como metalúrgicas, automotriz, gráfica, pinturas- produzca intoxicaciones no importa que FATE, la fábrica de Gelbard", vivan con miedo a no por tener hijos debido a las altas temperaturas. que deben soportar. Nada de esto importa si se puede, con agobiadores ritmos de producción o ahorrando los gastos que supone imponer condiciones de salubridad apropiadas, aumenta las ganancias.

Basta mirar las cifras de los últimos 18 años para advertir que mientras que los salarios de los trabajadores han venido descendiendo sistemáticamente, la productividad de las empresas ha aumentado en más de un 50 por ciento desde el año 55 hasta hoy y que, en años recientes ha habido un vertiginoso ascenso de los accidentes de trabajo en sectores fundamentales de la economía de nuestro país. Esto significa ni más ni menos, que todo el progreso técnico, que toda la riqueza generada como consecuencia que la introducción de maquinarias más modernas y de nuevos métodos de trabajo, ha ido a parar a manos de los capitalistas. Y esto se ha hecho, una vez más, en desmedro del nivel de vida de los trabajadores, sino también de su salud.

CUANDO LA MEDICINA ES UNA MERCANCIA

Sin embargo existe una ciencia, la medicina que también se ha desarrollado mucho en los últimos años. Hoy, quien tiene dinero puede cambiarse la forma de su nariz o puede parecer 15 años más joven. Pero los mineros siguen dejando sus pulmones en los socavones y las operadoras telefonistas su salud mental en los conmutadores.

Existen también médicos especialistas en enfermedades laborales. Pero estos "médicos de fábrica" han pasado a convertirse en parte del equipo de ayudantes que usan las patronales para mantener un alto nivel de productividad y su función no es cuidar la salud de los trabajadores sino controlar la ausencia de los trabajadores por razones de enfermedad. Hay médicos que realizan control de ausentismo dejando el coche estacionado a la vuelta de la casa del obrero, a la vuelta de la casa del obrero, a ver si descubren que el paciente está levantado.

¿Qué clase de medicina es ésta? ¿Qué clase de médicos son éstos? "Es preciso que nos bajemos del pedestal en que nos ubicó esta Universidad y comprendamos cual debe ser nuestra participación en esta etapa de Reconstrucción Nacional". Las palabras dichas por Santiago Montaldo, -Director del Departamento de Medicina del Trabajo de la Universidad de Rosario- durante las Jornadas Nacionales de Medicina del Trabajo realizadas el 1, 2 y 3 de noviembre, en la Facultad de Medicina de la Buenos Aires, son un claro indicador del intento que algunos grupos de profesionales están haciendo por revertir esta tendencia. “Es que hasta hoy -nos dice Ricardo Saiegh, director del Instituto de Medicina del Trabajo Ricardo Saiegh, director del Instituto de Medicina del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires- la medicina laboral ha sido la medicina laboral ha sido el mundo de la impunidad. Por eso nuestra intención, es trabajar en las fábricas para ir descubriendo todos los problemas que aquejan a los trabajadores argentinos”.   

EL IMPERIALISMO ESTA ADENTRO

Filiales de grandes empresas extranjeras, muchas fábricas argentinas utilizan para fabricar sus productos maquinarias que han sido desechadas en la fábrica madre. De este modo, vendiendo a la empresa ubicada en nuestro país aquello que como consecuencia del descubrimiento de nuevas técnicas, ya no les resulta conveniente, es decir, vendiéndose a sí misma, realizan un muy buen negocio. Pero quienes pagan el pato son los trabajadores de nuestro país. Porque esas máquinas han sido desechadas en su país de origen porque producen contaminación y ruido, y esto, aunque es sabido, no parece preocuparle a las patronales.

Tampoco parecen preocuparse demasiado algunos funcionarios claves de la Dirección Nacional de Higiene y Seguridad, organismo encargado de fijar las normas de salubridad. El director -Bernardino Montejano- y el subdirector -Insaurralde- de esta repartición, fueron hombres de confianza de San Sebastián, y ahora quieren ponerse la camiseta peronista.

ORGANIZARSE PARA CONTROLAR

Frente a este panorama de la medicina laboral en nuestro país, solo queda una alternativa: que sean los propios trabajadores quienes controlen las condiciones de salubridad dentro de la fábrica. Solo así podrá terminarse con los médicos-policías; solo así podrán establecerse condiciones de trabajo que respeten la salud física y mental de los obreros; solo así podrá terminarse con ese gran negocio que son las clínicas especializadas en medicina del trabajo y que utilizan las empresas que no tienen médicos propios (que son, en nuestro país , aquellas donde trabajan menos de 150 obreros, es decir la gran mayoría).

Porque para modificar las condiciones de trabajo, para adecuar las normas de seguridad y salubridad a las necesidades de los trabajadores, está claro que no se puede confiar en los patrones. Solo el control obrero de las mismas, a partir de la formación de comisiones formadas y elegidas por los propios trabajadores, puede garantizar un trabajo digno dentro de las fábricas.

“Es preciso -remarcó el doctor Saiegh- que los trabajadores se capaciten para implementar las formas de defender su salud. Y esto, que podría parecer muy complicado, no lo es tanto. Porque existen técnicas del control del ambiente del trabajo que son muy sencillas, como por ejemplo el control del nivel sonoro. Si un trabajador no escucha a otro a dos metros de distancia, eso significa que el ruido ha llegado a un punto en que daña el oído”.

Es verdad que mientras haya explotación seguirá habiendo inseguridad en el trabajo, porque el sistema de opresión en que vivimos no piensa en la salud sino en el dinero. No obstante el control obrero de las condiciones de seguridad y salubridad constituye un paso efectivo hacia el logro del objetivo que, como lema, presidiera las Jornadas Nacionales de Medicina del Trabajo: "Para que los hombres vuelvan a cantar cuando trabajen".


Hablan médicos al servicio de los trabajadores: ¿Puede matar el plomo?

Fuente: Revista “El Descamisado” Año I Nº 38, 5 de febrero de 1974, página 23

Enlace: https://drive.google.com/file/d/1FoJ_Uk3pvNhilQN_suy8gyBNK9iaiFIi/view?usp=sharing


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